Ficha: 303

Agricultura, gobernanza y biodiversidad

Hacia una transformación productiva de la agricultura

Jerónimo Rodríguez ▶

Los esquemas de ocupación y uso del territorio y de la propiedad de la tierra son determinantes en la relación del sector con la biodiversidad y sus servicios ecosistémicos en Colombia.

En Colombia coexisten dos tipos de agricultura. Una agricultura comercial que se ha consolidado, modernizando su estructura productiva, mejorando la productividad en tierras de buena calidad, orientada a la agroindustria y a la exportación, y un sector de pequeños productores, intensivo en mano de obra, con frecuencia localizado en tierras de inferior calidad. El índice Gini de concentración de la propiedad rural en Colombia es de 0,88, de los más altos del mundo1. A pesar de esto, la agricultura de pequeña escala responde por cerca del 60% de la oferta nacional de alimentos.

Este patrón de tenencia de la tierra está íntimamente vinculado con los procesos de degradación de tierras2. Estudios del IGAC y CORPOICA, entre otros, indican que el problema central no se origina en la escasez absoluta de tierras de buena calidad, sino en el uso inadecuado de las tierras incorporadas a la frontera agrícola, así como en la inadecuada provisión de bienes públicos (infraestructura, acceso a los mercados, investigación y extensión). Mientras que la gran propiedad subutiliza en ganadería extensiva la tierra con vocación agrícola, las pequeñas parcelas sobreutilizan en agricultura de subsistencia tierras que deberían estar dedicadas a actividades como conservación y provisión de servicios ambientales3.

La mayor parte de los recursos de inversión se ha destinado a los apoyos directos, y poco a actividades necesarias para la competitividad y sostenibilidad del sector: innovación, tecnología y fortalecimiento de la infraestructura de comercialización y gestión ambiental.

Perspectivas. El eventual fin del conflicto plantea retos para la gestión de la biodiversidad, al exponer regiones hasta ahora aisladas a procesos acelerados de transformación, para lo cual la estructura institucional no ha estado en condiciones de responder adecuadamente, constituyendo una amenaza.

Para el sector productivo, en términos de vocación y uso del suelo, se espera un incremento importante del área destinada a la agricultura y a la reforestación comercial, considerando que hay un potencial con vocación de 21,5 millones de hectáreas, de las que se usan cerca de 5 millones4-7. Es imprescindible ordenar esta transformación para que no sea a costa de la base natural y comprometa la provisión futura de servicios ecosistémicos.

Marco político e institucional. Durante los últimos veinte años se han realizado ajustes al marco institucional y jurídico del sector, impulsando procesos de descentralización administrativa, promoviendo instancias de participación ciudadana para la formulación de planes, programas y proyectos para el desarrollo local y territorial y que buscan proteger la producción de alimentos y el acceso de los campesinos a la propiedad. La aplicación efectiva de este marco, contribuiría de manera importante a la conservación de la biodiversidad, sin embargo los avances son limitados. Más allá de la Constitución Política y la Ley de Reforma Agraria, el marco político favorece un modelo agrícola intensivo en insumos, limitado en la provisión de bienes públicos y enfocado a la producción comercial de gran escala, promueve, de manera indirecta procesos de deterioro y transformación de la biodiversidad y pérdida de capital natural.

Algunos apuntes de política sobre el agro colombiano y la biodiversidad

Las consideraciones ambientales aún no ocupan un lugar destacado en la agenda política agropecuaria (Ley 101 de 1993 y desarrollos posteriores, Ley 811 de 2003. Decreto 1445 de 2012), ni en la ejecución presupuestal sectorial. En la coyuntura actual no es posible desligar la gestión integral de la biodiversidad de la política sectorial agropecuaria y de ocupación del territorio.
De acuerdo a los análisis de efectividad del manejo de las áreas protegidas, las actividades del sector agropecuario (agricultura, ganadería, pesca, forestales) son las que mayor presión ejercen a los objetos de conservación y constituyen las mayores amenazas a la biodiversidad7.
Se observan impactos sobre la biodiversidad en zonas de gran fragilidad ecológica asociados con los cultivos ilícitos, minería ilegal, el acaparamiento y apropiación indebida de baldíos8, desecamiento de ciénagas y humedales para ampliar las unidades productivas.
El Capítulo III del Plan Nacional de Desarrollo promueve el uso de semilla certificada, con riesgos sobre la agrobiodiversidad, al limitar la disponibilidad de variedades a las comerciales, y dificultar el acceso e intercambio de semillas nativas.
La política pública ha tendido a favorecer los sistemas productivos de gran escala intensivos en capital, mientras que los pequeños productores y las comunidades rurales no han sido beneficiadas de igual manera5, 6.
El desplazamiento forzado, la colonización de zonas de frontera, actividades criminales y la informalidad en la propiedad rural asociados al conflicto son componentes determinantes de los procesos de ocupación y uso del territorio, con consecuencias negativas sobre la biodiversidad en varias zonas del país7.
El nivel de informalidad en la tenencia de la tierra es cercano al 40%7.
La Política Nacional de productividad y competitividad enfatiza la conquista de los mercados externos, mientras que otorga menor relevancia a las condiciones internas determinantes de la competitividad como la oferta de servicios ecosistémicos y la generación de nuevas oportunidades asociadas con la producción orgánica.

El aumento en la competitividad depende del adecuado uso de la biodiversidad

El uso inadecuado de suelos y aguas y las malas prácticas como el monocultivo intensivo y el uso excesivo de agroquímicos, afectan de manera directa la rentabilidad de las explotaciones agrícolas y la estructura de costos de producción de bienes agropecuarios, haciéndolo más vulnerable a plagas, eventos climáticos extremos y procesos de desertificación y degradación de tierras.
Los mercados internacionales son cada vez más exigentes en aspectos relacionados con la inocuidad de los alimentos y la protección de las fronteras contra la importación alimentos contaminados con diferentes tipos de sustancias, lo que obliga al uso racional de insumos de síntesis química y a la promoción de la agricultura orgánica.
La base ambiental constituye un banco de germoplasma y de recursos genéticos vegetales y animales cuyo potencial de uso es muy alto, lo cual incentiva los esfuerzos por conocer, aprovechar y proteger dicha base ambiental3.

Principales referentes de política que han enmarcado la relación entre agricultura y biodiversidad

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Versión PDF Ficha metodológica Referencias Cítese como
Rodríguez, J. Agricultura, gobernanza y biodiversidad. En: Bello et al. (ed). Biodiversidad 2014. Estado y tendencias de la biodiversidad continental en Colombia. Instituto Alexander von Humboldt. Bogotá D.C., Colombia. 2014.
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