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Restauración ecológica

Los retos para Colombia

Wilson RamírezInstituto Alexander von Humboldt Carolina MurciaPontificia Universidad Javeriana Manuel R. GuariguataCentro para la Investigación Forestal Internacional, Perú Evert ThomasBiovesity International, Colombia Mauricio AguilarInstituto Alexander von Humboldt Paola IsaacsInstituto Alexander von Humboldt

En años recientes, la restauración ecológica ha ganado protagonismo, a nivel nacional e internacional, como medida complementaria de conservación. Aunque en Colombia ha dejado numerosas lecciones aprendidas, todavía debe superar múltiples retos.

En Colombia los procesos de degradación y transformación han afectado la biodiversidad y la oferta y calidad de los servicios ecosistémicos1, a tal nivel

que la preocupación por el tema ha trascendido el sector ambiental y alcanzado las políticas nacionales e internacionales. En este escenario, es necesario adoptar medidas complementarias a la conservación para la gestión integral de los recursos naturales. Una de ellas es la restauración ecológica, es decir, el proceso de asistir o ayudar al restablecimiento estructural y funcional de un ecosistema degradado, dañado o destruido, partiendo de conocimiento previo y del potencial natural de recuperación del mismo ecosistema2,3. Colombia tiene una trayectoria de 50 años en restauración ecológica y continúa incluyendo esta estrategia entre su portafolio de manejo de los recursos naturales. Prueba de ello son el fuerte incremento de proyectos y publicaciones sobre el tema desde los años noventa y el reciente compromiso con la Iniciativa Latinoamericana 20x20, la cual planteó la meta de restaurar 20 millones de hectáreas en la región para el año 2020, con objetivos tan ambiciosos como los 3,2 millones de hectáreas proyectados para Perú y un millón de hectáreas para Colombia4. Además de recuperar ecosistemas degradados, estos retos son una oportunidad para fortalecer la práctica de la restauración, pues permiten enriquecer el marco conceptual, avanzar en nuevas técnicas y consolidar redes de colaboración entre países.

A pesar de las iniciativas firmadas, programas implementados e inversiones realizadas a nivel nacional, se estima que el número de hectáreas restauradas no ha sido suficiente como para cumplir las metas o para compensar la tasa de deforestación. Por otra parte, la práctica de restauración está actualmente impulsada por el Gobierno, el sector privado y las ONG, pero desvinculada de la Academia5 y las comunidades, hecho que genera una gran dispersión conceptual y un sinnúmero de vacíos de información en ecosistemas de bosques secos, humedales y sabanas, así como una ausencia de arraigo del proceso entre la población6.

La cartografía nacional, basada en parámetros biofísicos, indica que las zonas prioritarias para restauración son las regiones andina y Caribe. Sin embargo, para afinar dichos esfuerzos es necesario aumentar el conocimiento sobre la ecología de ecosistemas alterados, las características intrínsecas de las especies, las condiciones territoriales y la tenencia de tierra, así como de la disponibilidad de recursos por parte de las entidades responsables. Así mismo, aunque hay avances importantes con redes como la Sociedad Iberoamericana de Restauración Ecológica y la Red Colombiana de Restauración, y el país cuenta con un Plan de Restauración5, se deben hacer esfuerzos adicionales para fortalecer las política donde el tema de restauración sea vinculante.

Prioridades de restauración
    • Prioridad muy alta

      La degradación se da en zonas que presentan acumulación de todas las variables, es decir drenajes sin vegetación natural, conflicto de uso de la tierra, minería, deforestación, áreas intervenidas, tamaños y formas pequeñas.

    • Prioridad alta

      La degradación se da en zonas que presentan acumulación de todas las variables, es decir drenajes sin vegetación natural, conflicto de uso de la tierra, minería, deforestación, áreas intervenidas, tamaños y formas pequeñas.

    • Prioridad moderada

      Zonas con ausencia de vegetación natural pero que no presentan casos de minería, conflicto de uso o deforestación.

    • Prioridad baja

      La degradación se da en zonas asociadas a cobertura vegetal con formas pequeñas y tamaños pequeños, adyacentes a áreas intervenidas y que presentan deforestación.

    • Preservación

      Las zonas para preservación corresponden a áreas en las que se debe restringir el uso ya que pertenecen a bosques y coberturas naturales grandes y con formas altas.

Otros complejos de páramos
Sin información

Retos de la restauración en Colombia

1 Conservar antes que restaurar, pues esta última es una actividad costosa, mucha incertidumbre, y no siempre es factible recuperar todos los componentes ecosistema7.

2 Considerar la escala del paisaje en la restauración para asegurar su efectividad; integrar programas de acción o conservación con plataformas de diálogo entre diferentes actores.

3 Usar fuentes de semillas genéticamente diversas y adaptadas a áreas de restauración para asegurar la viabilidad y resiliencia de las poblaciones restaurada8.

4 Incluir en la planeación los recursos financieros necesarios para todas lasfases de los proyectos, desde la línea base hasta el monitoreo9.

5 Incluir un componente social participativo que incluya a los actores claves enel territorio a intervenir para garantizar la sostenibilidad de los proyectos10.

6 Ampliar las dimensiones biofísicas, sociales y económicas de los proyectos de restauración para fortalecer la gestión integral del territorio5.

7 Fortalecer nuevos nodos regionales de profesionales de la restauración ecológica que interactúen con comunidades locales, Academia, ONG6, tomadores de decisiones, y sector industrial.

8 Reforzar las políticas actuales para que se incorpore de forma visible y restauración como herramienta integral de la planeación y del uso de la tierra.

Número de hectáreas por región, fuera de las áreas protegidas, que requieren restauración.

Dada esta creciente preocupación, el país ha ratificado internacionalmente varios compromisos como el fijado para el Convenio de Diversidad Biológica (CDB), y su meta de restaurar para el 2020 al menos el 15 % de los ecosistemas degradados en el mundo. También es firmante de la Convención de las Naciones Unidas para combatir la desertificación (UNCCD), donde la restauración juega un papel determinante para mejorar la situación de degradación de tierras, y trabaja activamente en la estructuración del objetivo de restauración 3(b)(i) de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), la cual busca dar lineamientos desde la ciencia hacia la política. En lo nacional, el país ha lanzado el documento final del Plan Nacional de Restauración con lineamientos sobre el tema, también ha incluido en los últimos años una meta cuantitativa de restauración dentro de su Plan Nacional de Desarrollo (PND) y deja la restauración como alternativa explícita de compensación ambiental a megaproyectos licenciados en el Manual de Asignación de Compensaciones. En síntesis estamos en un momento en el cual la temática de restauración ecológica tiene un rol determinante en el escenario de la conservación tanto nacional como global.

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