La contribución de las áreas protegidas regionales y de las reservas privadas a la conservación de la biodiversidad ha sido significativa desde la creación del Sina y ha convertido al Sinap en un sistema mejor conectado y con mayor representatividad de ecosistemas estratégicos, que involucra otras dimensiones de la conservación como el uso sostenible.

En Colombia las áreas protegidas empezaron a declararse desde 1938 con el énfasis principal de proteger el recurso hídrico. Bajo esta lógica, los procedimientos para establecerlas estaban más relacionados con oportunidades prediales y con la voluntad política en torno al manejo del agua que con criterios de biodiversidad. Sin embargo, este enfoque de conservación ha cambiado con los años hacia apuestas de protección de ecosistemas y especies. Esta transición se ha hecho especialmente evidente a partir de la creación del Sistema Nacional Ambiental (Sina) en 1993 y la reglamentación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinap) en el 20101, tiempo en el cual también aumentaron las designaciones de áreas protegidas privadas.

Dicho cambio se explica en gran medida porque con la creación del Sina y la reglamentación del Sinap, se le dió la facultad a las corporaciones ambientales y a los propietarios privados de declarar y designar AP. Esto generó esfuerzos tanto para las regiones2 como para los institutos de investigación asociados al Sina, al tener que destinar recursos ya limitados para emitir conceptos técnicos sobre la pertinencia de las declaratorias de nuevas áreas protegidas regionales. Así mismo la sustentación del proceso ante los institutos de investigación también ha implicado un mayor rigor técnico en la priorización de elementos de la biodiversidad y mayor apropiación de la información generada por estos mismos institutos.

Como resultado de lo anterior se evidencia lo siguiente: 1. Desde 1993 hasta la fecha se ha multiplicado por lo menos en 13 veces el número de áreas protegidas bajo categorías que permiten uso sostenible, de las cuales más del 90 % son áreas protegidas regionales y locales; 2. Se ha configurado un sistema mejor conectado gracias a la contribución de las áreas protegidas regionales y privadas pues, aunque estas equivalen tan solo al 13 % de la extensión total del Sinap, explican más del 21 % de su conectividad; 3. Gracias a estas áreas subnacionales el sistema es más representativo ecológicamente, en especial para los ecosistemas estratégicos (páramos, humedales, manglares y bosques secos) pues estas áreas contribuyen significativamente a su protección.

Lo anterior implica que Colombia ha desarrollado una transición en el enfoque del concepto de conservación de la biodiversidad, incluyendo cada vez más, en la práctica, el uso sostenible como uno de los principios de la conservación. Esta migración conceptual se ve reflejada en el paso de áreas protegidas intangibles hacia las áreas de conservación con gobernanza comunitaria de los recursos naturales3 –sean estas áreas protegidas o estrategias complementarias de conservación4–. Aunque los avances han sido monitoreados y evidentes, aún hace falta avanzar en temas como la evaluación de efectividad del manejo, la conectividad y la representatividad de los biomas o ecorregiones.

Sistema Nacional de Áreas Protegidas (continental)

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Identificación de corredores en el nivel nacional

Fuente: Capa binaria de áreas transformadas y no transformadas de Etter, 2008 actualizado 2014

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En el país tan solo el 42 % de las áreas protegidas se encuentran conectadas. Esta conexión corresponde a aquellas AP que están en matrices naturales o poco transformadas. Aunque las AP regionales y locales representan tan solo el 13 % de la extensión del Sinap, estas contribuyen el 21 % de la conectividad del Sistema. En este sentido, la eficiencia de las áreas subnacionales está dada por su importancia a la conectividad más allá del aporte a la extensión del Sinap.

Conectividad

Las áreas protegidas no deben ser concebidas y gestionadas como “islas” o elementos aislados del resto del contexto paisajístico. Bajo un escenario de cambio climático, la ausencia de conectividad entre las áreas puede convertirlas en trampas climáticas, dificultando su capacidad para cumplir sus metas de conservación a largo plazo. Un indicador de la conectividad de los sistemas de áreas protegidas es el índice Protected Connected Land (ProtConn) que cuantifica el porcentaje de un área de estudio en particular (p. ej. un país, una ecorregión, un departamento, etc) cubierta por áreas protegidas bien conectadas. Este índice permite identificar dónde son más necesarios los esfuerzos adicionales de conservación para robustecer la conectividad de los sistemas de AP, y también se puede usar para evaluar si los sitios recientemente declarados proporcionan ganancias de conectividad efectivas en el sistema de AP5.

Representatividad de biomas en el Sinap vs Representatividad de biomas por tipo de área protegida



Aumento acumulativo de AP por tipo de uso

Más información

Versión PDF Ficha metodológica Referencias Cítese como
Matallana, C., Areiza, A., Echeverri, J., Santamaria, M., Solano, C., Galán, S. y T. Waldrón. (2018).Estrategias Complementarias de Conservación: Avances en su identificación y reconocimiento. En Moreno, L. A, Andrade, G. I. y Gómez, M.F. (Eds.). 2019. Biodiversidad 2018. Estado y tendencias de la biodiversidad continental de Colombia. Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt. Bogotá, D. C., Colombia.
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