Las altas temperaturas provocadas por el cambio climático han generado olas de calor extremas que ponen en peligro a diversas poblaciones de aves tropicales1,2. En el bosque seco —donde este fenómeno ocurre con mayor frecuencia y la temperatura varía hasta seis veces más que en otros ecosistemas3— algunas aves han desarrollado adaptaciones que les permiten sobrevivir. Comprender estos mecanismos y los factores que determinan su regulación térmica es clave para predecir cambios en la diversidad de aves ante escenarios de calentamiento global.
En experimentos controlados realizados en el bosque seco de La Guajira, se expusieron 28 especies de aves a un aumento progresivo de temperatura. Como resultado, las aves perdieron en promedio un 3 % de su peso corporal, y algunas hasta un 9 %4. Esta pérdida está asociada al incremento del gasto metabólico necesario para regular la temperatura mediante el jadeo, un mecanismo que conlleva una considerable pérdida de agua por evaporación. En este proceso, extremidades altamente vascularizadas como los dedos, las patas y el pico también cumplen un papel crucial en la disipación de calor, ya que el aumento del flujo sanguíneo en estas zonas permite la liberación de calor por evaporación.
En hábitats abiertos como matorrales y bosques despejados —más expuestos a altas temperaturas—, se observó que las aves con picos largos fueron hasta cinco veces más eficientes en regular su temperatura que aquellas con picos cortos4. Esto se debe a que el pico, al tener un bajo aislamiento térmico, permite un intercambio de calor más eficiente5. Por lo tanto, una mayor superficie de intercambio favorece la disipación del exceso de calor en ambientes calurosos.
En contraste, en el interior del bosque no se encontraron características morfológicas asociadas a la capacidad de termorregulación4, probablemente porque las temperaturas allí son más estables y menos extremas. En estos ambientes, el pico parece estar más influido por factores como la dieta que por la necesidad de disipar calor5.
Estos hallazgos sugieren que el pico cumple una función clave en la termorregulación de aves que habitan espacios abiertos, y que las especies de pico corto que viven en el interior del bosque podrían ser más vulnerables al cambio climático, al carecer de adaptaciones efectivas frente al aumento acelerado de la temperatura. De hecho, se ha documentado que algunas especies tropicales han incrementado el tamaño de su pico a lo largo del último siglo, lo que evidencia la importancia evolutiva de estas adaptaciones para sobrevivir en un mundo cada vez más cálido y seco6. Este conocimiento resulta valioso para identificar cuáles especies se verán más afectadas por el incremento térmico y, en consecuencia, para predecir con mayor precisión los cambios en la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas como resultado del cambio climático.