Al sur del departamento de Córdoba, la coexistencia entre grandes felinos y comunidades humanas enfrenta serios desafíos debido a la depredación de animales domésticos por parte de jaguares (Panthera onca) y pumas (Puma concolor), dos especies clave para el equilibrio ecológico de la región. En las últimas décadas, este conflicto ha aumentado como consecuencia de la pérdida de hábitat, la expansión de la ganadería y la limitada gestión ambiental en las zonas rurales1.
Un estudio realizado en el Parque Nacional Natural Paramillo (PNNP), área que alberga una gran diversidad de mamíferos y conecta poblaciones de grandes felinos, evidenció una concentración de ataques a cerdos, perros y ovejas en las cercanías de corredores biológicos y zonas de amortiguamiento, donde los felinos se refugian y cazan2. Entre 2007 y 2022 se documentaron 37 eventos de depredación (33 atribuidos a jaguares y 4 a pumas), que resultaron en la pérdida de 92 animales domésticos2. Este fenómeno ha llevado a que las comunidades locales respondan a las pérdidas económicas mediante prácticas como la caza clandestina o retaliatoria3, lo que pone en riesgo a las poblaciones de felinos.
El análisis de estos eventos muestra que, en su mayoría, se trata de ataques oportunistas relacionados con prácticas ganaderas inadecuadas, como la falta de supervisión y monitoreo, el uso de cercados deficientes y la proximidad de las zonas de pastoreo a los hábitats de los felinos2. Por ello, es fundamental que los habitantes de la zona implementen medidas antidepredatorias como el uso de corrales reforzados o electrificados, campanas, collares con luces4 y estrategias de vigilancia comunitaria. A nivel institucional, se requiere el establecimiento de programas de manejo que incluyan acciones para mitigar los daños, sensibilizar sobre la importancia de estas especies5,8 y promover la creación de corredores biológicos seguros.
Adoptar un enfoque integral podría fomentar una coexistencia pacífica entre humanos y grandes felinos en el PNNP y sus alrededores. Esto permitiría no solo proteger a estas especies y conservar el equilibrio ecológico, sino también garantizar la estabilidad socioeconómica de las comunidades rurales afectadas por la depredación de animales en la región9.