Las ciudades son hogar de la mayor parte de la población humana y, por ello, se han convertido en escenarios estratégicos para la construcción de territorios sostenibles. Aunque se reconoce cada vez más el papel de la biodiversidad en este proceso, sus beneficios suelen considerarse como añadidos o complementarios al diseño e implementación de proyectos de desarrollo urbano1. Esta visión representa una pérdida de oportunidades para la gestión territorial. Frente a retos cada vez más urgentes derivados del cambio climático, integrar la biodiversidad como factor de desarrollo mediante estrategias de diseño funcional podría aportar a la adaptabilidad de las áreas verdes y construidas en estos entornos.
Centros urbanos como Montería y el Área Metropolitana de Barranquilla son particularmente vulnerables al cambio climático, ya que enfrentan amenazas como sequías, inundaciones y temperaturas extremas. Ambos territorios han respondido a estos desafíos con distintas estrategias. En Montería, por ejemplo, la conservación del río Sinú y otros ecosistemas estratégicos se ha incorporado a la planeación y diseño urbano, reconociendo el papel de las áreas verdes en la resiliencia climática. Estos espacios contribuyen significativamente al enfriamiento de la ciudad; en promedio, un 30 % más que las zonas construidas. Priorizar la conservación de áreas verdes y el uso de especies nativas adaptadas a las condiciones locales es una estrategia de diseño urbano sensible a la biodiversidad, que aprovecha intencionalmente los beneficios de la naturaleza para enfrentar fenómenos como el efecto de isla de calor o las inundaciones.
En el Área Metropolitana de Barranquilla se han desarrollado iniciativas similares, como el diseño del Parque Central Ciudad Mallorquín. A través de una alianza entre el Grupo Argos y el Instituto Humboldt, se incorporaron arreglos vegetales funcionales como parte de un esfuerzo de conservación de la biodiversidad de los paisajes de la ciénaga y el bosque seco tropical. En este caso, la selección de especies vegetales consideró aspectos como el hábito de crecimiento (árboles, arbustos, palmas, herbáceas de condición rústica y enredaderas), el tipo de actividad en los diferentes espacios del parque (zonas de recreación activa y pasiva), el confort térmico y los estímulos sensoriales para los visitantes.
La acción climática en las ciudades requiere un enfoque integral, que no solo gestione los ecosistemas existentes, sino que también promueva el diseño de espacios urbanos multifuncionales capaces de generar beneficios ambientales y sociales. Además de su impacto en la resiliencia climática, este tipo de diseño es una oportunidad para que las personas se reconecten con especies representativas de la región y recuperen la memoria ecológica asociada a ecosistemas como el bosque seco o los humedales.
Servicios
ecosistémicos
asociados
Especies de mayor porte. Se plantea la distingue que se generan competencias por luz y permiten desarrollar fases de regeneración en bosques.
Especies comunes en la región con detalle y precisos de alimentación, son vías sin fresco comerciada por la potencialidad local.
Especies de copa amplia y aparasolada, que generan sombras.
Especies nativas que se adaptan a las condiciones del lugar y que revisten importancia cultural.
Conformados por tramos de diferentes especies de porte medio, de floración más o menos constante. Permiten separar espacios con diferentes usos.