Los humedales naturales son ecosistemas estratégicos para la mitigación y adaptación al cambio climático, ya que actúan como sumideros de carbono y reductores de gases de efecto invernadero (GEI). No obstante, se encuentran gravemente amenazados y aún se desconocen muchos de los impactos asociados a su degradación. En Colombia estos ecosistemas no están incluidos en las mediciones de GEI1, no figuran en el Sistema de Monitoreo, Reporte y Verificación (MRV) de la meta de mitigación nacional, y tampoco existen metodologías estandarizadas que permitan cuantificar el carbono que almacenan.
La propuesta del Protocolo para la estimación integral de contenidos de carbono y biodiversidad en humedales del Magdalena Medio y Bajo2 —documento desarrollado en el marco del proyecto CO2-Humedales, fruto del convenio entre Fundación Natura y Ecopetrol— podría contribuir a llenar este vacío, al incluir información clave sobre el monitoreo de la biomasa (aérea, subterránea y acuática), la materia orgánica muerta, los suelos y los sedimentos, conforme a las directrices del IPCC3. En este protocolo, la biodiversidad no se concibe como un componente adicional en el diseño metodológico, sino como un eje transversal que dinamiza y moviliza el carbono contenido en los distintos compartimentos de los humedales.
Para el Complejo Cenagoso de Zapatosa (CCZ), esta metodología permitió estimar los contenidos de carbono en la biomasa (62,72 + 10,45 t C/ha)2, valores bajos en comparación con ecosistemas con condiciones similares, como bosques inundables y secundarios en Costa Rica (92,40 + 11,30 t C/ha)4 y Brasil (94,25 + 6,54 t C/ha)4. Esta diferencia se asocia con un alto grado de intervención, particularmente en zonas de transición y llanuras de inundación, debido al desarrollo de actividades como la ganadería. Asimismo, se identificaron valores elevados de carbono almacenado en los suelos (22,84 a 103,73 tC/ha)2, lo cual sugiere que la descomposición de materia orgánica desempeña un papel fundamental. El clima es un factor determinante en este proceso, ya que las altas temperaturas de la zona favorecen la actividad microbiana responsable de la descomposición, lo que a su vez incrementa la acumulación de carbono.
El monitoreo de carbono constituye una herramienta fundamental para estimar el papel que desempeñan los humedales en el ciclo del carbono. Permite, por un lado, identificar, comprender y cuantificar los procesos de captura y almacenamiento en diferentes depósitos a lo largo del tiempo, y por otro, evaluar tanto sus efectos como las contribuciones de la biodiversidad a este ciclo. Este protocolo, con potencial de ser replicado en otros escenarios, podría convertirse en un insumo clave para la toma de decisiones orientadas a la mitigación del cambio climático.